Mi corazón simplemente dejó de latir durante dos segundos enteros. El tiempo pareció ralentizarse y estirarse.
Él no sonrió. No saludó. No hizo ningún tipo de gesto protocolar. Solo... me miró fijamente. Con esos ojos profundos que ya conocía bien. Solo que ahora había algo visiblemente diferente allí. Ya no era solo esa frialdad arrogante del mercado financiero. Había otra cosa. Una grieta nítida en su impecable armadura. Una fisura fea en el hielo.
Fui yo la primera en desviar la mirada, tra