El silencio en la mansión era diferente ahora.
No era ese silencio pesado de antes, de gente escondiendo cosas, de fantasmas caminando por el pasillo. Era un silencio tranquilo. De cansancio. De fiebre que bajó. De niño durmiendo tranquilo. Léo se había apagado después de la medicina, el rostro finalmente relajado, la temperatura casi normal. Lara estaba a su lado, acurrucada, como si supiera que su hermano necesitaba protección. Los dos dormían abrazados en la misma almohada.
Doña Marta había