La casa era una locura.
Lo juro por Dios, nunca vi a Léo tan animado. Saltaba en el sofá —EN EL SOFÁ, doña Marta iba a tener un ataque— mientras gritaba "¡LA ABUELA VA A LLEGAR, LA ABUELA VA A LLEGAR!". Lara, que normalmente se quedaba en el rincón dibujando, estaba tan emocionada que soltó los lápices y se puso a dar vueltas por la sala como un trompo.
—¿Cuántos años tienen? —pregunté con las manos en la cintura.— ¿Seis o sesenta?
—¡SEIS! —respondió Léo, saltando más alto.— ¡Y la abuela tiene