A la mañana siguiente, desperté con una sensación de resaca emocional y el corazón completamente oprimido en el pecho.
No dormí bien. Estuve dando vueltas en la cama mullida hasta las tres o cuatro de la madrugada, rumiando cada fracción de segundo de ese encuentro desastroso y eléctrico en el pasillo. La palma de su mano ardiendo en mi mejilla. Su pecho pegado al mío. Ese gemido grave y doloroso en mi cuello. La confusión en sus ojos al llamarme por el nombre de su difunta esposa.
Cuando los