La mañana empezó extraña.
No fue el despertador lo que me despertó. No fue el sol entrando por la ventana. Fue el silencio. Un silencio diferente, pesado, equivocado. En la mansión Volpi, el silencio siempre había significado paz. Los niños dormían hasta tarde, los empleados hacían ruido en la cocina, y Arthur marcaba sus pasos en el despacho. Pero esa mañana, el silencio estaba vacío. Faltaba algo.
Faltaba Léo.
Él nunca dormía hasta tarde. Siempre se despertaba antes de las seis, llamaba a mi