No conseguía dejar de pensar en la noche de ayer, literalmente.
Solo de pensar en lo que pasó en el coche, en sus ojos después de que le chupé, fue una de las cosas más emocionantes para mí en mucho tiempo.
Salí de mis pensamientos con la voz de Lara llamándome.
Lara había hecho un dibujo. Me lo entregó doblado, sus ojos marrones brillando.
—Es para papá. Tú se lo entregas.
—¿Por qué no se lo entregas tú?
—Porque él llora cuando soy yo.
Mi corazón se detuvo.
—¿Él llora?
—Aprieta los oj