Una fiesta benéfica. Gala de recaudación para algo de niños con cáncer. Arthur tendría que ir. Y, para mi sorpresa, me pidió —ordenó— que yo fuera también.
—¿Para ayudar con los niños? —pregunté, confundida.
—No. Los niños se quedan con doña Marta. Tú vienes conmigo.
—¿Para qué?
—Para no pasar vergüenza solo.
Me miró de reojo.
—Necesito una acompañante.
—Necesito a alguien que sepa callar y sonreír cuando yo lo necesite.
—Ah, ¿soy un accesorio?
—Eres la empleada que va a ganarse un ves