Después de volver de un preciado final para dos traidoras, decidí volver a casa. Estaba exhausto. Entregar por partes a una persona no es tarea fácil, aunque debo admitirlo: hay una satisfacción enfermiza en ver cómo todo cae en su lugar. Cristal se encargó de limpiar los rastros, y yo volví a lo único que me hace sentir humano.
Abro los ojos, aún atrapado entre la neblina del sueño. Mi pecho se calma al girar y encontrarla a ella, dormida, tan tranquila, tan perfecta... tan mía. Sonrío con ese