**Lyra**
Mi hijo se alimenta de mí con avidez, con una fuerza que me hace estremecer. Es perfecto… cálido, pequeño, pero lleno de vida. La suya.
Cierro los ojos mientras lo amamanto, sintiendo la succión constante en mi pecho y el dolor punzante en el alma. Cada vez que lo toco, cada vez que lo abrazo… no puedo evitar pensar en el que no está.
Mi otro cachorro.
Mi pequeño.
Y ahora sé —por fin sé— que no fue simplemente la tragedia del destino. Fue un acto. Una decisión. Un sacrificio.
Tharion m