Mikail
Maldito Tharion. Su calma me olía a trampa; sabía que había interferido con la prueba y no pensaba dejarlo así. No podían engañarme. Ese niño era mío por sangre y por derecho, y no descansaría hasta demostrarlo.
Había pasado noches sin dormir puliendo los detalles con los hombres que confiaban en mí —los que podían ocultar su identidad y moverse sin levantar sospechas—, para que todo fuese perfecto.
Lo que habíamos vivido en Silverbane era un malentendido que ella entendería si me daba