Lyra
El aire olía a juicio, a rabia contenida y a traición. El patio central del castillo estaba colmado de rostros tensos, de miradas que exigían justicia.
No cabía un alma más.
A un lado, Kael Vaelis se mantenía de pie junto a su hija, con el ceño fruncido. A pesar de que debían marcharse, habían decidido quedarse para presenciar el destino de Calista.
Tharion les había permitido quedarse, sí, pero bajo una única condición: ni un susurro de insurrección, o el rey lycan desataría el infiern