El frío era abrumador. El tratamiento me había robado la fuerza y la dignidad, dejándome como una marioneta inerte, pero la quimio y la nueva médula de Mirakel estaban librando una batalla épica dentro de mí. Sentía como luchaba cada una por su parte para acabar conmigo o para salvarme. Podía sentir a mi hijo dentro de mí, como cuando estaba embarazada, y eso me hacía sonreír.
Abrí mis ojos y encontré a Dalton a mi lado. Estaba exhausto, con su cabeza apoyada en el colchón y sus hombros curvado