El pánico me había paralizado por un segundo, pero la visión de Daisy pálida y sangrando fue suficiente para activar mi lógica de crisis; aquella que había apagado durante la luna de miel. Levanté el teléfono para llamar a mi equipo de seguridad y a un helicóptero médico, pero en ese instante, las luces del camino se encendieron y sentí como Daisy se tensaba en mi costado.
Un vehículo grande, una camioneta SUV negra que solo podía pertenecer a nuestra seguridad, giró hacia la villa. Me tensé de