El frío de la habitación de hospital se había instalado en mis huesos como una segunda piel. El sonido rítmico de los monitores era una tortura sónica, recordándome que mi vida pendía de hilos electrónicos. Había despertado del colapso para recibir la noticia la peor sentencia. Aura y Vera estaban a mi lado, preocupadas.
Sus rostros eran un reflejo de mi propia angustia. Me habían contado, con cautela, que Dalton había sido herido, pero que su madre lo había trasladado a un lugar seguro. Saber