La casa de los Savage estaba llena de una luz dorada esa mañana. Había una manera hermosa en la que veía la vida después de que Dalton me colocara el anillo. Aunque la amenaza de Massimo Conti seguía latente, la fecha de la boda se había fijado para dentro de un mes; pronto, para que nadie se arrepintiera. Era un acto de desafío, una forma de decirle al mundo y al villano que nuestra felicidad no se pospondría. Mi corazón estaba ligero, aliviado por la reconciliación con Dalton y la certeza de