Mi auto se detuvo bruscamente en el mirador que dominaba Milán. El aire de la noche era frío y cortante, trayendo consigo el aroma metálico de la lluvia reciente. Apagué el motor, y el silencio que siguió fue abrumador, un contraste total con la tormenta que aún rugía en mi interior. Miré el dedo donde estuvo el anillo de compromiso, sintiendo el vacío que mi elección acababa de dejar.
No había seguridad, solo una libertad aterradora.
Unos minutos después, las luces de un vehículo familiar se p