El receso en la audiencia fue breve, pero el aire en la sala de tribunales seguía vibrando con la tensión del encuentro entre Massimo y yo. El apretón de manos había sido una declaración de intenciones más clara que cualquier alegato legal.
Apenas el juez reanudó la sesión y luego la clausuró sin emitir una resolución inmediata, me levanté enojado porque lo postergaban demasiado. Ignoré la reprimenda silenciosa de mi madre y mi objetivo no estaba en la sala, sino en el pasillo.
Massimo, actuand