El regreso a la mansión fue un silencio de muerte. No podía creer que Avery me hubiera ocultado que sabía dónde se refugiaban los adolescentes. La revelación, confirmada por la presencia de nuestros rivales, fue un golpe bajo, no solo a mi autoridad sino a la confianza. Sentía la traición clavada en el pecho, más fría que la incertidumbre de la búsqueda. No podía creer que no confiara en mí, que no me permitiera lidiar con eso como ella. Lo ocultó porque me conocía, pero también porque se conoc