El reloj marcaba las dos de la mañana cuando Marcus entró en mi oficina. El sonido de sus botas sobre la alfombra fue la única interrupción en el silencio que me rodeaba. No levanté la vista de la pantalla, un mapa de la ciudad que brillaba con pequeños puntos rojos, marcando la ubicación de cada uno de mis hombres. Mi reino era mi obsesión, y mi venganza mi única razón de ser.
Marcus se detuvo a mi lado, sus manos entrelazadas detrás de la espalda. Podía sentir su nerviosismo y el miedo que em