Era una de esas raras mañanas tranquilas en la ciudad, y después de la semana más larga de su vida, Iris por fin sentía que podía respirar un poco mejor.
Frente al espejo, ajustaba los últimos detalles de su uniforme del spa, una blusa ligera y cómoda, y recogía su cabello en un moño bajo, dejando escapar algunos mechones que enmarcaban su rostro.
Aunque aún quedaban sombras bajo sus ojos, había en ellos un brillo distinto.
Se calzó las zapatillas blancas de trabajo, se colgó la bolsa al hombro