Escuchó los pasos de Hugo en el pasillo, y unos minutos después ya estaba detrás de ella. Al ver su rostro, Hugo la sostuvo rápidamente, e inspeccionó la herida.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Hugo, preocupado.
—Se me han caído las llaves, me he agachado a recogerlas y me he golpeado —murmuró, tocándose la frente.
—Tenemos que saturarte la herida, ¿tienes botiquín en casa? —preguntó Hugo, sin querer alarmarla.
El corte era profundo, pero no lo suficiente como para ser grave.
—Sí, tengo un botiquín