Iris y Hugo regresaron al salón. Mientras se sentaban en la mesa, algunas personas comenzaban a ir a la pista de baile. Hugo no había vuelto a decir nada desde que tomaron asiento. Su expresión era seria, su mirada fija en un punto indeterminado, y la tensión en sus hombros hablaba por sí sola.
Iris, por su parte, intentaba ignorar la incomodidad que la invadía. Jugueteaba con la copa de vino frente a ella, fingiendo desinterés, pero la incertidumbre se instalaba en su pecho. ¿Por qué ese silen