El camino a la fiesta se hizo más lento de lo que Iris imaginaba, y poco a poco se iba acostumbrando a los silencios con Hugo. Había pasado de ser un total desconocido a un hombre con el que se sentía cómoda. Aunque Don Serio no dudaba en salir en algunas ocasiones, dejándola en total desconcierto.
Iris disfrutaba el camino y abrió la ventana del copiloto, el aire entrando por la ventana alborotaba su cabello, pero le gustaba la sensación de sentirse libre.
Hugo la observaba en total silencio,