La anciana cayó al piso, jadeando, y los gemelos corrieron ayudarla a incorporarse, mientras Alec se dirigió hacia Serethia, como si nada más en la habitación existiera; se agachó frente a ella y la colocó sobre su regazo de forma protectora.
Serethia se encogió sobre él, aferrándose con fuerza, como si solo en sus brazos pudiera volver a respirar; hundió el rostro en su cuello y aspiró profundo, dejando que una calidez cosquilleante recorriera su cuerpo y detuviera su temblor al instante., det