La espalda de Serethia chocó contra la pared y el filo del arma de Rhaerys se detuvo muy cerca de su carótida. La respiración de la joven era irregular y el sudor le perlaba la frente; estaba exhausta y sus piernas temblaban, pero se sentía orgullosa, pese a la posición en la que se encontraba. Por primera vez, desde que había comenzado con los entrenamientos, el Alfa se encontraba de la misma forma.
La joven no cedió y le sostuvo la mirada por algunos segundos, inmóviles mientras estaban envue