Cuando la botella dejó de girar y el cuello volvió a apuntarlo, Cassier se preguntó, una vez más, cómo había terminado en una situación como aquella.
Era la tercera vez que visitaba esa casa con el propósito de obtener información que lo ayudara a encontrar a Alec. La segunda lo había intentado de forma disimulada, pero Lia había cortado la conversación con un simple «ya no vive aquí».
Aunque apenas había transcurrido una semana desde su llegada, ya no soportaba el mundo humano. El ruido, los o