Alec estaba absorto en el sonido de la sartén, observando cómo el aceite chisporroteaba alrededor de la tocineta y los huevos mientras su aroma empezaba a llenar la cocina. Hacía semanas que no preparaba un desayuno; era la primera vez, desde que todo había comenzado, que sentía hambre al despertar.
Estaba tan concentrado que solo advirtió la presencia de Victoria cuando ella entró en la zona de la cocina y una voz rompió la calma.
—Ya no recordaba cómo se veía esta parte del apartamento —bromeó