Nancy suspiró mientras ajustaba la cinta de la última caja que le faltaba. Se irguió y se pasó el dorso de la mano por la frente para secarse el sudor. No tenía muchas pertenencias de valor, pero empacarlas le había supuesto un gran esfuerzo; el peso de abandonar el que, hasta ese día, había sido su hogar parecía aplastarla.
Sin embargo, ni siquiera dejar atrás su hogar la afligía tanto como la discusión que, desde hacía varios minutos, giraba en torno al mismo punto.
—No es necesario que te va