La incomodidad llevó a Serethia a intentar cubrirse con la sábana, pero la sensación de que la sacerdotisa podía verla con esos ojos blancos desapareció.
Negó con la cabeza de forma inconsciente y se dijo que debía ser el efecto de haber pasado tanto tiempo inconsciente; aún la sentía pesada y densa, como si todavía no hubiera terminado de regresar.
—Debe descansar —dijo la sacerdotisa, con un tono suave y envolvente que casi parecía arrullarla—. Le hemos preparamos un té que la aliviará.
Al es