Capítulo 121

Sentía calor.

Y dolía.

Cada vez que intentaba moverse, era como si le enterraran agujas en todo el cuerpo.

A veces lograba abrir los ojos y distinguir la figura borrosa de una sirvienta inclinándose sobre ella, mientras le colocaba paños húmedos en la frente.

Y después volvía a ser arrastrada por la oscuridad.

Otras veces, los parpados le pesaban tanto que prefería no intentarlo. Solo permanecer ahí, inmóvil, mientras oía murmullos que a ratos parecían transformarse en voces.

Los sonidos se esc
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