Con la tela que su madre le había dado —un trozo de manta que atesoró durante años— no le resultó difícil encontrarlo, aunque le tomó un par de horas.
Estaba en un restaurante lleno de humanos, por lo que esperó con paciencia algunas horas más, tratando de identificar la fuente específica.
Y entonces la halló: un joven de cabello oscuro, vestido con un uniforme blanco y que cargaba unas bolsas. Cuando se acercó, él giró en su dirección… Y no tuvo dudas de que era a quien buscaba. Se parecía a s