Serethia avanzó por las calles adoquinadas alumbradas por faroles, escondida bajo la capucha mientras procuraba que sus pasos se confundieran con el murmullo de la ciudad nocturna. Trataba de camuflarse entre los transeúntes dispersos y las parejas que caminaban a su lado.
Tan absorta iba en ello, que no reparó en la figura que avanzaba en dirección contraria, hasta que terminó chocando contra ella. El golpe fue un roce de hombros, pero con la suficiente fuerza para desestabilizarla por la debi