El peine recorrió una y otra vez su cabello, mientras sus ojos se mantenían fijos en la entrada reflejada en el espejo. La doncella de cámara, concentrada en su tarea, deslizó el peine y le colocó adornos en el cabello a Serethia, quien ni siquiera se molestó en mirar.
Solo se dejó hacer intrincados recogidos, mientras su atención se dividía entre la puerta y el reloj que colgaba en la pared opuesta. Esperaba, cada vez con menos paciencia, la llegada de Liora.
Ya había transcurrido más de una h