Caminé entre todo el desastre. Me puse unos pants y una playera, agarré mi almohada y el edredón, sacudí los restos de suciedad y bajé al cuarto de tele. Al menos ya todos se habían ido para cuando regresé. No sabía si me quedarían fuerzas para insultar a alguien más esa noche.
Solo quería espacio. Espacio para pensar, planear y tratar de entender toda aquella situación, pero ninguno me había dejado en paz. Siempre creían que sabían qué era lo mejor para mí porque yo era la humana débil y tonta