Caminé entre todo el desastre. Me puse unos pants y una playera, agarré mi almohada y el edredón, sacudí los restos de suciedad y bajé al cuarto de tele. Al menos ya todos se habían ido para cuando regresé. No sabía si me quedarían fuerzas para insultar a alguien más esa noche.
Solo quería espacio. Espacio para pensar, planear y tratar de entender toda aquella situación, pero ninguno me había dejado en paz. Siempre creían que sabían qué era lo mejor para mí porque yo era la humana débil y tonta.
Me acerqué al sillón pequeño, recordando lo que estaba pasando en el sofá grande la última vez que había estado así de mal. Cielos. Parecía que había sido hacía una eternidad. Empecé a acomodar las cobijas.
—¿Por qué vas a dormir en el sillón pequeño? —Di un salto y me di la vuelta al escuchar a Bennet.
Me tallé el pecho para tratar de controlar los latidos de mi corazón mientras él se dejaba caer con calma en el sofá.
—No tienes idea de cuántas veces Jer y Rayna han tenido sexo en ese. —Él se