—No he sido irresponsable. ¿Cómo te atreves? —Me puse de pie cuan larga era. Comparada con un hombre lobo no era mucho, pero aquello me hacía sentir mejor—. Siempre estoy acompañada de guerreros, solo salgo cuando ellos lo confirman contigo dos veces y solo para entrenar o para ver a los cachorros o correr. Que, por cierto, hoy fue la primera vez que corrí al aire libre desde que llegué. Cada movimiento que hago tiene tu aprobación. Me sorprende que no tenga que pedir permiso para ir al baño. Creo que merezco un premio por ser tan paciente y obediente. Solo voy a donde ellos me dejan.
—Después de hoy, eso va a cambiar
Gruñó, acercándose más. Podía sentir el calor que emanaba su cuerpo enorme y me invadió un escalofrío. ¡No! No podía fijarme en aquellas cosas.
—La cárcel no puede ser mucho peor. ¿Qué más demonios me puedes quitar?
Crucé los brazos con mucha curiosidad por saber cuál sería nuestra siguiente pelea. Su mirada recorrió mi cuerpo de arriba a abajo.
—No tienes permitido sal