—No me digas que hablas en serio —me tallé la frente. No tenía paciencia para aquello en ese momento—. ¿Te dejaron salir así? Estás corriendo por el bosque casi desnuda y ya casi es invierno. Seguro estás muerta de frío. Vamos a casa para terminar de hablar allá —señalé hacia atrás con el pulgar.
—Tengo que terminar de correr y mi ropa no tiene nada de malo. Ustedes se la pasan desnudos todo el tiempo. Nos vemos cuando acabe.
Señaló hacia su espalda. Estaba tan concentrado que olvidé que teníam