Capítulo 99
—¿Crees que puedes escapar de mí tan fácil, corderito?

Ryker tenía la cara hundida en el hueco de mi cuello y su aliento caliente me humedecía la piel. No llegaba a tocarme, pero rozaba apenas mi hombro con la nariz y sentí un estremecimiento en todo el cuerpo; no pude evitar el temblor que me recorría. Su voz sonaba distinta, más grave, más cruda y con un matiz metálico, como si no la hubiera usado en mucho tiempo. Cuando se apartó, entendí por qué.

Tenía los ojos rojos como la sangre. Aquel no era Ryker, era su lobo. Así era peligroso, y no de una forma divertida. Seguramente aquella era la última imagen que veían sus víctimas. El corazón se me aceleró. ¿Decidieron que no me quieren o no me necesitan y les resultaba más fácil matarme que rechazarme y mandarme a casa? No quería morir, pero tampoco le tenía miedo.

Se acercó hasta que nuestras narices se tocaron. Su pecho subía y bajaba con fuerza.

—No nos das órdenes. No le rendimos cuentas a nadie. Nos perteneces y este es tu hogar a
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