Pude completar mi rutina sin demasiadas distracciones. Aunque tuve que regresar un par de veces al darnos cuenta de que mi lobo y yo estábamos soñando despiertos con Kennedy en su vestido de anoche.
Lo que más nos había gustado era verla caminar hacia mi oficina, y traté de buscar pretextos para que Robin me enviara esas fotos sin que yo pareciera, o sonara, de nuevo, como un acosador. O para no levantar demasiadas sospechas con Robin. Ya se había dado cuenta de que mi atención se desviaba muy