Greta
Aquella pequeña muñequita estaba aferrada a los brazos de Finn como un koala. Escondió la cara bajo el mentón de él para poder mirarme sin soltar el contacto. Su postura era tímida, pero su mirada no lo era en absoluto. Era casi territorial. Mi loba gruñó dentro de mi cabeza antes de que le recordara que esa cachorra había pasado por mucho y no representaba una amenaza. Pero sabía mi nombre. Eso era interesante.
—¡Ay, estoy tan emocionada de verlos a todos! —exclamó Kennedy sin poder conte