—Entonces, Gabriel, ¿puedes bañarte solo o quieres que te ayuden?
—Soy grande, puedo hacerlo todo yo solo. —Levantó la mano para detenerme en la puerta del baño.
—Muy bien, pequeño. Grita si necesitas ayuda para alcanzarte la espalda y Finn entrará, ¿de acuerdo? —Gabriel me levantó el pulgar y Finn se quedó aterrado—. ¿Qué? —pregunté, bastante segura de saber la respuesta.
—¿Cómo se supone que lo ayude? ¡Nunca he hecho nada de esto! —me susurró a gritos.
—Relájate, no es tan difícil. ¿No tenían