Greta
Finn se subió al asiento trasero, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Bueno, al parecer no íbamos a hablar durante el camino de vuelta.
—Greta, tú también puedes descansar. Ha sido una semana larga para ti y el camino va a ser...
—Ni se te ocurra terminar esa frase. —Le lancé una mirada de reojo a Grant—. Si nos traes mala suerte, te va a ir mal.
Grant puso los ojos en blanco.
—Sí, señora.
—¿En serio? ¡Tú también!
—¡¿Qué?! —preguntó sin disimular la risa.
—No tienes permitido llam