Capítulo 293
Sin salir de mí, se volteó y se sentó recargando la espalda contra el árbol mientras me cubría el pecho y el cuello con besitos suaves.

—¿Estás cansado, Finn? —le pregunté entre risas. Sabía que él acababa de cargarme y luego me había sostenido en alto durante la Diosa sabía cuánto tiempo. No era una chica tan grande, pero tampoco era una florecita delicada.

Me mordisqueó la parte superior del pecho y grité.

—No, atrevida. No puedo caminar así y tengo la impresión de que tú todavía no terminaste
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