Sin embargo, Iván hizo lo que le habían pedido. Con control absoluto, liberó sus feromonas en el aire, inundando la habitación con una esencia poderosa y tranquilizadora.
El efecto fue inmediato. Los movimientos de Atenea dentro de Amira se intensificaron de manera notable, provocando una nueva ola de contracciones y un dolor más agudo en su madre. Amira sintió un pujo incontenible, y Miroslava la animó:
—Así, Luna, puje. Ella ya quiere salir.
Amira, con el rostro empapado de sudor y los músculo