Ronny llegó tarde al departamento, pero Amira lo esperaba, más preocupada por él que por cómo se había desarrollado su almuerzo.
—¿Dónde estabas, corazón? Ya me tenías preocupada, sé que no eres un niño, pero te llamé y no me contestaste —dijo Amira, con el ceño fruncido.
—Discúlpame, mi Canela. Tenía cosas en qué pensar y además había quedado con un agente de bienes raíces para ver algunos departamentos. No pensarás que voy a vivir aquí para siempre, ¿verdad? —respondió Ronny, con un tono cansa