El primer cumpleaños de Atenea había sido un evento inolvidable, lleno de risas, travesuras y mucho amor. David y Amira habían organizado una fiesta donde la manada Luna Dorada y sus aliados celebraron unidos. La pequeña Atenea, con su carácter dulce y travieso, ya era la princesa de todos, logrando sacar una sonrisa hasta al más serio de los lobos. Sin embargo, Amira no pudo evitar sentir cierta melancolía.
En el despacho principal de la mansión, Amira miraba por la ventana con una taza de café