Mientras caminaban, de regreso a la Mansión. Zaira rompió el silencio con cautela:
—Luna, ¿hay algo más que desee que haga?
Amira se detuvo y la miró fijamente antes de soltar una carcajada que resonó en el pasillo.
—¡Ábrase visto! Semejante rata de pantano. ¿Cómo cree que va a hablar mal de mi chiquita y de los hijos que ni siquiera he tenido todavía, sin pensar que voy a limpiar el piso con ella?
Zaira, sorprendida por la reacción, comenzó a reír también. La tensión que había sentido antes