El silencio se había vuelto un huésped pesado en cada rincón de la manada, como una sombra que se arrastraba con frío y dolor. Aiden ya no estaba. La puerta se cerró detrás de él, llevándose consigo algo más que su cuerpo: se llevó la luz de mis días, la música de mis noches, el calor que me mantenía cuerda. Ahora, el aire parecía más denso, y cada suspiro, cada paso, llevaba la marca de su ausencia.
Me levanté de la cama con dificultad, sintiendo el vacío que se extendía como un río oscuro dent