La niebla se cerró detrás de Lucian como una puerta viva.
El sendero lo tragó.
Y el valle quedó en silencio.
Lyra dio un paso adelante, con la mano extendida hacia la nada.
—¡Lucian! —su voz se quebró— ¡Lucian, vuelve!
Pero no hubo respuesta.
Ni un eco.
Ni un susurro.
Solo vacío.
Kaelthar se acercó, temblando.
—Lyra… no puedes seguirlo…
Ella lo apartó con un movimiento brusco.
—¡No me digas lo que no puedo hacer!
La niebla vibró.
“Él debe caminar solo.”
Lyra apretó los dientes.
—¡Él está herido