La niebla del valle permaneció inmóvil.
No era un silencio vacío.
Era un silencio expectante.
Un silencio que pesaba como una mano sobre el pecho.
Lucian seguía arrodillado, respirando con dificultad.
La semilla del espíritu ardía dentro de él, como si respondiera al eco de las palabras de Alistair.
Lyra estaba a su lado, con la mano sobre su hombro, temblando entre miedo y determinación.
Alistair permanecía de pie, sostenido por una fuerza que no era física, sino espiritual.
Yanna lo observaba