El mundo se recompuso en un latido.
Lucian cayó de rodillas sobre tierra húmeda, jadeando.
El portal había escupido a todos en direcciones distintas, como si el valle mismo los hubiera arrancado del templo sin cuidado alguno.
Evadne fue la primera en reaccionar.
—¡Sacerdotisas! ¡Reúnanse! ¡Ahora!
Su voz temblaba.
No de debilidad, sino de miedo.
Las sacerdotisas se acercaron, algunas heridas, otras llorando, todas desorientadas.
Yanna sostenía a Alistair, cuyo cuerpo parecía más liviano que nunc