Selira sabía muy bien que tenía prohibido entrar al templo.
Kaelthar había sido claro: sus métodos no eran bienvenidos allí.
Pero Selira nunca había sido buena obedeciendo órdenes.
Desde hacía años, la idea de ser La Escogida la había entusiasmado… hasta que entendió lo que eso podría implicar, según varios prodigios de la manada:
unir su vida a Kaelthar, un alfa sin fortuna ni manada, convertido en sacerdote por un convenio familiar.
Eso no era para ella.
Lucian, en cambio…
Lucian sí.
La idea