El cuerpo de Lyra sucumbió ante los espasmos, como si una tormenta interna lo desgarrara desde los huesos.
Y, cuando finalmente pudo tomar control de los temblores, intentó levantarse, pero sus movimientos eran torpes, erráticos, como si cada músculo estuviera experimentando todo por primera vez.
Sus ojos parpadearon, pero con cada movimiento, el color de sus pupilas cambiaba entre el rojo, el multicolor y los grises almendrados de Lyra.
Nadie podía decirlo con certeza, pero en el fondo, todos